MAMÁ, NO QUIERO QUE VENGA EL RATONCITO PÉREZ


Aunque parezca increíble, esta historia es cierta.   Sofía, ya es una niña muy mayor.  Tiene de 5 años y  empieza a movérsele un diente.  Su madre siempre le ha hablado del Ratoncito Pérez y las cosas que éste hace.

 

El caso es que Sofía no tenía la misma reacción que el resto de sus amigos. Estaba aterrada con la idea de que Ratoncito Pérez viniese por la noche a llevarse su diente.  Pero realmente, lo que más miedo le daba a Sofía era la oscuridad.   Ella ya sabía que el Ratoncito venía por la noche, cuando los niños dormían. 

Y ese día llegó, el diente de Sofía ya se había movido mucho en esa boca y por fin se le cayó.

 

Todos en la casa parecían muy contentos, pero la pobre Sofía no lo estaba.  Aun así, disimuló e hizo ver a su madre que estaba muy contenta con aquel acontecimiento.  Y la noche,,,,,,,,,, entró.  Sofía se fue a la cama y se abrazó a su peluche para sentirse más protegida.  Pasaron unas cuantas horas y aun no se había dormido, cuando oyó un pequeño ruido.  Muy asustada empezó a llorar.

 

El Ratoncito oyó lo que estaba pasando y se quedó quieto unos momentos.   Sintió mucho que Sofía estuviese así y decidió dejarse ver por la niña para tratar de consolarla.

 

Sofía, dijo el Ratoncito Pérez desde fuera.  ¿Puedo pasar?

Ella, se quedó muy sorprendida (su madre ya le había advertido que al Ratoncito no se le puede ver).

Si pasa, dijo con voz muy tímida y mirando hacia la puerta.

 

Y allí apareció el Ratoncito, tal y como ella había visto en sus cuentos.

 

Hola Sofía (dijo él),

Hola Ratoncito (dijo ella)

¿Porqué lloras, que ha pasado?

Me da miedo la oscuridad y yo sabía que tu venías por la noche.  Por eso me daba miedo que vinieras.

Bueno, dijo el Ratoncito, esto no me había pasado nunca.  He oído que estabas muy triste y he decidido venir a verte.  Por eso, Sofía te voy a contar un pequeño secreto.  ¿Tu sabes guardar secretos?

Si, dijo Sofía.
 Verás, dijo el Ratoncito, tu diente es muy especial.  El primer diente que se cae, siempre lo es.  ¿Y sabes porqué? Porque ese diente posee una propiedad mágica que nadie sabe, pero esta noche yo te le voy a enseñar.  Mira Sofía mira,,,,,,

El Ratoncito Pérez llevó su diente hacia la ventana.  Esa noche la luna brillaba con fuerza.  Entonces ocurrió.  Toda la luz de la luna pasó a través del diente de Sofía y esto hizo que la habitación se iluminara.  En ese momento, el Ratoncito miró a Sofía y la vio con la cara maravillada por lo que estaba sucediendo allí.

Guauuuuu, Ratoncito. Esto es mágico.

Si, dijo el Ratoncito.  Vamos a hacer una cosa.  Esta noche, no me llevaré tu diente.  Guárdalo, y si vuelves a tener miedo otra vez ponlo junto a la ventana.

Gracias Ratoncito.  El próximo diente que se me caiga lo pondré bajo la almohada para que puedas seguir construyendo tu castillo.

Vale, pero recuerda, guárdame el secreto;  le dijo el Ratoncito guiñándole un ojo.

 

Sofía se quedó con ese bonito recuerdo pero lo más importante de todo, es que ya no volvió a tener miedo por las noches.  Sabía que cuando ella quisiese, tendría su diente mágico que iluminaba la habitación.

 Después de aquella experiencia, Sofía intentó ver al Ratoncito Pérez otra vez, pero no lo consiguió.  Como por arte de magia se quedaba durmiendo justo antes de que el Ratoncito llegase.

 Sofía creció, y tuvo niños que también pusieron sus dientes bajo la almohada.  Ella les cuenta la historia que vivió.  Su hijos, también intentan pillar al Ratoncito Pérez.